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miércoles, 8 de julio de 2009

MATEO 25,31-46


Cuando trescientas mil personas, atraídas por el humo blanco, se volcaron a la Plaza San Pedro, allí les hablo a ellos y a nosotros que lo seguíamos por la televisión. “Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido, a mí, un sencillo y humilde obrero de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con herramientas insuficientes y sobre todo me confío a vuestras oraciones. En la alegría del Señor Resucitado, confiados en su ayuda permanente, prosigamos. El Señor nos ayudará y María, su Madre Santísima, estará a nuestro lado. Gracias”.
…Me consuela el hecho de saber que a pesar de tantas cosas en nuestra querida iglesia católica, existen personas llenas de Dios, con defectos y cualidades, pero sobre todo que confían y hacen la voluntad de Dios y como Jesús pasan haciendo el bien a sus hermanos.
Cuando leemos los evangelios descubrimos que “Jesús pasó haciendo el bien a todos y algo mucho más importante todavía: un día seremos juzgados por la medida del servicio que prestemos a nuestros hermanos necesitados”.
¿Por qué realizar buenas obras?
Porque: Todos somos necesitados de algo. Una palabra, la escucha…y sobre todo los más vulnerables, marginados…
Dice el texto: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis».
Porque: Con las buenas obras glorificamos a Dios (Mt 5:16; 1 Ped 2:11-12). Si las realizamos hacemos sentir orgulloso a papá Dios, por habernos creado. Lo mismo sucede cuando un hijo se porta bien con los padres, éstos se sienten satisfechos. Contrario es cuando un hijo es una perdición.
Porque: Las buenas obras preparan al incrédulo para que sea más receptivo al evangelio (1 Ped 2:12; 3:1-2). Un papá comentaba: sabe padre ¿por qué soy católico? Porque un día estaba sin comer y mi hijo me dijo: “tengo hambre…” No tenía nada para darle. Entonces, le dije miremos hacía el cerro de Monserrate y oremos… Al instante salió un sacerdote y una hermana, nos vieron allí y nos regalaron un mercado… Agradecí e inmediatamente fui a preparar algo para mi hijo. Recuerde: “Las buenas obras hablan de Dios y de nuestra fe”.
¿Qué obras buenas podemos hacer?
Hablando a otros de la gracia de Dios, guiando a otros hacía Jesucristo por medio de cartas, llamadas, visitas, estudios bíblicos, dando valor a los hermanos débiles...
Un abrazo, que tenga un día esplendoroso.