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miércoles, 5 de agosto de 2009

LUCAS 12,49-53


Cada uno de nosotros, de alguna manera lleva por dentro una cruz y no es fácil comunicarla, se necesita valor, confianza, gracia… En ése camino… Jesús va enseñando a sus discípulos y les comunica su la pasión y sus consecuencias.
En ese camino Jesús percibe su misión y destino a partir de dos imágenes contrapuestas: el fuego y el agua.

El Fuego.
En la historia de la humanidad el fuego ha marcado una grande diferencia. Las tribus sedentarias con fuego se volvieron nómadas, el fuego les cambio la manera de vivir y de estar en el mundo… Y también a nosotros nos ha cambiado. No es lo mismo vivir en Puerto Carreño (Vichada) dónde el sistema de alumbrado funciona algunas horas, que vivir en Bogotá donde es permanente el sistema de alumbrado. Nos cambia la hora de dormir, de cenar…

En la mitología el ave fénix renace de las llamas. Se me ocurre pensar que es imagen de purificación, de nuevo nacimiento, de inmortalidad, de vida…

En la Biblia: Se nos habla de lenguas de fuego en pentecostés, de los sacrificios y las ofrendas (humo, signo de adoración), de la zarza que ardía sin consumirse, que no se prende una luz para colocarla debajo de la mesa, sino para que alumbre a todos, del trigo que va al granero y la maleza al fuego. En el pasaje de los discípulos de Emaús: “no ardía nuestro corazón”… El fuego como señal de la presencia de Dios, que une, guía, ilumina, purifica, fortalece…

En nuestros días: vemos autos con llamas de fuego, niños de la Infancia misionera, que cantan: “Fuego he venido a traer a la tierra…” La llama olímpica… De alguna manera nos relacionamos con el fuego, porque sus cualidades, se parecen a las nuestras: dinamiza, transforma, calienta apasiona, es radical…

El texto dice: “He venido a traer fuego a la tierra” Posiblemente se esté refiriendo al fuego purificador de la humanidad que es símbolo del juicio de Dios. Como el fuego que hizo caer el profeta Elías en el monte Carmelo, para que se decidieran entre Baal o Yahvé.

Relacionando con la misión de Jesús: es traernos ese fuego abrazador que nos impulsa a llevar buenas noticias, a iluminar la vida de quienes lo necesitan… En otras palabras es ser luz en éste mundo de oscuridades…

El Agua.
Es signo de muerte y de vida. Jesús será sumergido en las aguas profundas. Un bautismo de la muerte, dice: “… y que angustiado estoy hasta que se cumpla” no está queriendo decir que quiere morirse rápido, sino que su mayor deseo en la vida es llevar a cabo el destino asignado por el padre Dios.

¿Cuál es la enseñanza para sus discípulos?
Con estas dos imágenes Jesús quiere mostrar a sus discípulos que en la vida de seguimiento hay conflictos, que hay quienes viven en una vida nueva y quienes todavía requieren dar el paso a la conversión. Somos llamados a traer fuego a éste mundo, que para llevar a cabo el encargo de Dios, precisamos sumergirnos en el bautismo, al igual que Jesús...

Nosotros al escuchar esta palabra podemos presentar dos actitudes:
1. Actitud de esperanza. Porque es posible superar los conflictos mediante el fuego del Espíritu, la muerte al pecado y el nacimiento por el agua a una vida nueva, así como Jesús nos mostró y nos sigue hoy indicando.

2. Actitud de desesperanza. Porque a veces buscamos a Jesús de una manera acomodada y egoísta, para que nos conceda la paz, la alegría, y buenas bendiciones… y nos estrellamos, porque la vida es de otra forma…

Sobre lo anterior una señora comentaba una vez: “yo estoy aburrida… vengo a la iglesia, porque supuestamente aquí hay paz, pero me equivoqué, ahora veo que ellos tienen más problemas que los míos…mejor me voy a otra parte...” Igual nos puede pasar con nuestra vida, tenemos algún inconveniente y renegamos, protestamos, nos vamos…

El hecho que estemos en la Iglesia, en la oración… no significa que se acabaron las dificultades… significa que nos queda más fácil dar respuestas, sobreponernos… con la ayuda de Dios, que sin él. Ayúdanos señor Jesucristo, a descubrirte también en las dificultades… y desde ahí ser luz… y agua de vida…
Buen día, Dios te bendiga. Un abrazo