Mostrando entradas con la etiqueta orar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta orar. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de octubre de 2010

LUCAS 18,9-14

Cuando miro a mi alrededor me doy cuenta que existen algunos esposos que se sienten seguros de su esposa y entonces, le alzan la voz, la maltratan... veo también algunos hermanos pentecostales que condenan y desprecian a los demás... veo mi país que compra armas, porque se quieren sentir más seguros... Todas estas son falsas seguridades, porque la verdadera seguridad no se compra con trabajo, cosas, ni comportamientos... La verdadera seguridad la regala Dios, por puro amor.
Yo puedo ser un fariseo y vanaglorierme que yo si me salvo, que si pago el diezmo, si ayuno, si cumplo la norma... Pero lo que la Palabra me pide es: sentirme frágil, débil, pecador en Dios amor. Me pide que sea humilde. Que mire mi interior y ponga la confianza en él, no en las cosas externas. Que mi oración sea desde el corazón, sin mucha palabrería... para que Dios se pueda enaltecer.

sábado, 18 de julio de 2009

MATEO 5,1-12


Jesús les había sanado, liberado… y ellos se quedan con Jesús para que les enseñe. Así inician un camino de discipulado. La intención de Jesús es brindarles una enseñanza sólida para que prosiguiesen su conversión.
Existen dos momentos que me llaman la atención.

1. Subió a la montaña. Para san Mateo entre más alto, mejor… se tiene la idea que es estar más alto es estar más cerca de Dios, distinto de Lucas que proclama el discurso en una llanura (Lucas 6,17).
El subir a la montaña está relacionado con la oración. Jesús subía a encontrarse con su Padre.
Sabemos que quienes escalan grandes montañas, necesitan de todo un entrenamiento, (así como los misioneros) requieren de un equipaje garantizado y de calidad: cuerdas, carpa, botas… Al fin y al cabo de estas cosas puede depender su vida cuando llegue el temporal… Algo muy importante: el montañista experimentado sabe que "los peores enemigos son el miedo y la imprudencia". En el texto subir a la montaña es expresión de la confianza en Dios, la alegría y la esperanza... en él.

2. Se sentó. Para san Mateo, Jesús es ante todo maestro. (Se llama cátedra al sillón en que se sienta el obispo en los oficios litúrgicos). Los maestros enseñan y su palabra es alimento para quienes escuchan.
Veamos cómo Jesús enseña en las bienaventuranzas:
Declaración. Que son bienaventurados y nosotros lo somos también.
Esto es que nos encontramos en el camino de la felicidad. En el reinado de Dios.
Actitud: Pobreza, hambre, lágrimas, pureza de corazón, persecución…
Todas las actitudes van dibujando el rostro del discípulo que es el de Jesús mismo. Las realidades del discípulo son difíciles, cuando busca la justicia, la verdad…
Causa. La felicidad dada por Dios Padre.
Los discípulos aunque tengan dificultades encuentran bienaventuranza en Dios. Porque lo reconocen, poseen la capacidad de admiración, adquieren la virtud del desapego... En otras palabras saben cargar con su cruz y Dios los va salvando…
Deténgase un momento y descubra cuando Dios ha estado de su parte y luego, pronuncia unas palabras de agradecimiento.
Hoy es un día especial… Un abrazo.

miércoles, 3 de junio de 2009

MATEO 5 43-48


En ciertas ocasiones, cuando alguien me ha dicho que odia a su esposo o a su cuñada… Después de escucharle con atención le digo: “Rece y ore mucho por esa persona”. Ahora, que leo el evangelio (Mateo 5, 43-48) encuentro que Jesús lo dijo: “Recen por ellos”. Recen por sus perseguidores…

Entiendo que orar por nuestro enemigo, es una manera de enviarle bendiciones que de alguna forma le ayudarán. Luego tendremos, así, a alguien menos enemigo y también por nuestra parte habremos liberado el rencor.

Orar por alguien que nos ha ofendido es la forma más segura de empezar a sanar nuestras heridas interiores, dado que al orar por alguien, oramos también por nosotros.

Perdón y olvido.
Mucha gente se siente culpable porque no olvida. Y cree que eso está mal, y le es difícil evitarlo. Aquí surge una pregunta el perdón, ¿implica necesariamente el olvido? No. Porque la memoria es una facultad que obra independientemente de nuestra voluntad. La prueba está en que muchas veces nos proponemos olvidar situaciones desagradables vividas, y no podemos. Y otras veces queremos recordar cosas y tampoco lo logramos.

Por lo tanto, cuando una persona resulta ofendida, si tiene buena memoria y si la ofensa fue muy grande, posiblemente la recordará toda su vida, y no tiene la culpa, es algo muy natural. Por eso, el perdón no supone necesariamente el olvido. Uno puede perdonar, y seguir recordando la ofensa.

Lo que se debe evitar es traer a la memoria constantemente, y por propia voluntad, los recuerdos desagradables y las injurias sufridas, para mantenerlas vivas. Esa sería una manera enfermiza y una forma de mantener un círculo vicioso que poco hace bien.

1. “Háganles el bien”. Si alguna vez están en dificultades y necesitan de nosotros. Es lo que dice san Pablo: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber”. Y agrega citando al libro de los Proverbios: “Haciendo esto amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza” (Rom 12, 20).

Ejemplos existen muchos: el médico, que le tocó intervenir quirúrgicamente y salvarle la vida a quien atropello y mato a su hijo, la mujer que crío al niñito de la amante de su esposo…

2. “Bendíganlos”. Y bendecir significa “decir bien”, “hablar bien” de alguien… No se trata, ciertamente, de mentir virtudes ajenas, ni de decir que alguien es bueno cuando en realidad es un pícaro, ni de alabarlo cuando no se lo merece. Bendecir significa poder hablar bien de alguien que se lo merece y es justo hacerlo, aún cuando tenemos algo contra él o nos resulta antipático.

Así llegamos a ser: Hijos de Dios y semejantes a nuestro Padre que es perfecto
En ¿qué sentido? En que Dios hace salir el sol y hace llover sobre malos y buenos. Así mismo nosotros ofrecemos perdón a los enemigos y les servimos.
Somos hijos de Dios siempre que generamos vida, hacemos el bien a los demás...
Que tenga un esplendoroso día. Un abrazo.

viernes, 22 de mayo de 2009

MARCOS 6,30-34


Les quiero confesar algo, cuando se me ocurrió la idea de escribir en un blog, el primer texto que pensé colocar en común es éste, con una continuación en el día de mañana. Éste texto me parece especial y dice mucho de nosotros.

Hay personas que después de una larga jornada de trabajo o de estudio, luego sienten una gran desolación, tristeza, ansiedad… A los discípulos de Jesús no les pasa así, ellos le comentan a su Maestro todo lo ocurrido. Es maravilloso ver como entre papás e hijos que son muy buenos amigos y son apoyo en las buenas y las malas.
Después de la labor cumplida y del compartir experiencias Jesús les dice a sus discípulos:
1.- Vengan ahora ustedes, a un lugar solitario y despoblado a descansar un poco.
El decir “vengan ustedes” se refiere a sus amigos, a los más cercanos, a los que se comunican con él… también somos cada uno de nosotros, cuando contamos con él y estamos lejos de los fariseos, lejos de los Herodes y sus enviados, lejos de la gente que sólo busca su propio interés…
--Solos con el Señor Jesús-- sin diferencias culturales, políticas, sociales…solos con Jesucristo, donde no hay jefes, ni superiores, ni clientes…
--Solos como una familia cercana y amiga. Sin noticias lamentables, sin los gritos e insultos, los engaños, avaricias, rencores…porque es el Señor quién esta con ellos.
--Solos con Jesucristo, haciendo un alto en el camino, recobrando fuerzas y equilibrio humano, llenándonos de su presencia, que es la sal de la vida.

2.- A un lugar solitario y despoblado… Tal vez, Jesús pensó en una pequeña playa solitaria del lago. En contacto con el precioso mar, que en su grandeza es símbolo de nuestro Padre Dios infinito, poderoso y al tiempo tranquilizante, con el sonido de las olas que saben acariciar la arena de las playas y borrar allí, una y otra vez, todo aquello que nosotros queramos escribir y reconocer como mal hecho en nuestra vida.
Un lugar solitario… donde nuestra mente y corazón estén tranquilos. No para obsesionarnos con nuestra miseria y maldad, sino para llenar los pulmones del alma, con el olor a oxígeno, a pino de mar o de montaña. De un Dios todo amor, que me quiere a mi como soy, como quiere al pino incomparable, a la planta del tomillo que nace a sus pies, a la jara olorosa que une su color con el del pino.
Un sitio tranquilo, solitario, sin comercio, lejos del mundanal ruido y la rutina de todos los días. Un sagrario ante el que nos inclinamos y volcamos nuestro corazón. Un lugar en donde la planta más pequeña me invita a alabar y bendecir a ese Dios y Señor. Un lugar solitario, de encuentro con Jesús donde reconozco el firmamento infinito y mi fragilidad humana.
(Adaptación de un texto de la página: http://Betania.es/)